15 de julio de 2012

Génesis Segunda Temporada [Por qué tanto misterio]


-       ¿Por qué tanto misterio?
-       Porque es una sorpresa
Hace veinte minutos que habíamos tomado la carretera, sin más pistas que nuestro rumbo al sur, pasábamos los bellos paisajes, llenos de verde intenso de las largas alfombras de césped que se extendían a nuestro paso.
Las montañas se veían más adelante, enormes e impenetrables, señalando el camino que debíamos seguir, no faltaba mucho para llegar, lo había pensado y planeado todo, la tenía a mi lado la miraba por el rabillo del ojo, tratando de no perder mi concentración en el camino.
Habíamos hablado de libros, historias y personajes, era interesante imaginarnos en esas circunstancias ¿Qué haríamos nosotros siendo los protagonistas de la última película? ¿Del último libro que leímos? Nuestra conversación pareció mantenerla lo suficientemente interesada para no hacer preguntas acerca de nuestro destino, fue hasta que notó que dejábamos la ciudad atrás que empezó a indagarme, no quería arruinar la sorpresa, el misterio era lo que le proporcionaba el encanto exacto.
 Pareció conformarse con mis respuestas vagas, por algún tiempo,  poco a poco el camino se volvió estrecho y dificultoso terracería y piedras, nos adentramos más en la zona boscosa, abundaban los enormes arboles.
-       A dónde vamos- ella miraba a través de la ventana del carro.
-       Ya estamos cerca – ya podía bajar la velocidad y darme le oportunidad de verla a la cara cuando le hablaba.
-       Eso  no me saca de mi duda.-  dijo curvando una sonrisa suave en sus labios.
-       Vamos Mia ¿Dónde esta tu sentido de la aventura?- mire al frente para tomar una ligera curva.
-       Eso nada tiene que ver con mi curiosidad – me miró directamente a los ojos, enarcando una ceja con una amplia sonrisa.
¡Cómo me gustaban esos enormes ojos verdes! Sobre todo cuando se posaban sobre mí, era cierto, mi chica impulsiva y ocurrente, me gustaba llamarla así soñar que era mi chica, no podía tacharla de no ser aventurera, había pasado por ella al terminar sus clases, sin decirle más nada, subió al auto y emprendimos el camino,  sabía que haríamos algo todos los amigos en Benetton pero no más, de algo tenía que valerme necesitaba tan solo diez minutos más, para llegar. De buena fuente me había enterado que le gustaban las salidas y las sorpresas ¡Una salida sorpresa! Era perfecto.
Estacione el auto hasta donde fue posible, a escasos metros de la cabaña, bajamos y nos detuvimos a mirar el hermoso paisaje que estaba frente a nosotros.
El lago Neckham impresionante, extendido imperturbable de aguas serenas, estaba inmóvil como un espejo, que reflejaba las montañas a su alrededor, en la orilla un pequeño muelle de madera, donde estaba atado un bote de remos, el viento soplaba sumiso acariciándonos la piel a penas,  las hojas de los arboles se mecía de un lado a otro, casi todo el terreno estaba revestido de pequeñas flores lilas y amarillas que crecían a lado de las enormes piedras que hacían de camino para no maltratar nada a nuestro alrededor.
La cabaña toda de madera, tenía su techo de parte aguas, con un balcón en lo que debía ser la alcoba principal, dos ventanas en la parte inferior y un columpio para dos personas, en el pórtico  estaban las macetas con flores silvestres, algo de  yerba ya crecía entre la madera del piso y las delgadas columnas del pórtico.
Mia Giole miraba embelesada todo a su alrededor, estaba maravillada, se le podía leer en el semblante, sonreía dulcemente y yo la miraba a ella.
-       Edward, esto es hermoso.- Me decía sin dejar de mirar el paisaje.
-       En verdad lo es.- Le decía sin dejar de mirarla a ella.
-       ¿Podemos?- señalaba el pequeño barco de remos
-       ¡Claro!  Todo esto es nuestro por este fin de semana, porque no entramos primero, para que dejes tus cosas.
Los rayos de sol se colaron para iluminar todo adentro, intensificaba más los colores, además la calidez que emitía era reconfortante, la sala era de estilo rustico, madera tallada con cojines muy abultados de color naranja, en el centro un tapete  frente a la chimenea, cerca de la ventana había una pequeña mesa para cuatro personas, adornos o cuadros realmente eran escasos.
El sol empezaba a meterse, quería aprovechar al máximo cada instante, elegí justamente hoy para visitar la cabaña, porque los atardeceres en esta época del año eran sencillamente prodigiosos.
-       ¿Quieres dar un paseo en el lago antes de que oscurezca?
-       ¡Claro!
Salimos nuevamente hacia el lago, caminando sobre las piedras grises que hacían de camino.
-       Edward y… ¿Los demás? Dijiste que también vendrían. – Me decía mientras la ayudaba a subir al bote.
-       Vendrán. – Me miró sin decir nada más, entendía perfecto y sé que ella también anhelaba un momento a solas, mejor si era en ese hermoso lugar.
Tenía un plan procuraría que cada momento fuera mágico, así que reme justo hasta la mitad del lago, cuando el sol se metía y convertía al lago Neckham en un espejo rojo, me detuve a contemplarla, tenía tanto que decirle, desde hace tanto tiempo.
-       Mia…
Tenía ambos codos recargados en el borde del bote, su carita ladeada sonriéndome.
-       …desde hace tiempo… mmm… yo quería decirte…- en mis diálogos imaginarios esto era mucho fácil, me tronaba los nudillos.
-       Este momento no podría ser más perfecto- Ella suspiro, sus palabras me tranquilizaron y alentaron a mostrarle que sí podía ser más perfecto aún.
-         Quizás pueda cambiar eso, dale la oportunidad a Rubén Darío me senté junto a ella, que ahora pasaba sus manos sobre la superficie del agua, me incline en la misma posición que ella, la rodee con mis brazos y le susurre al oído:
-       Mia; así te llamas.
¿Qué más armonía?
Mia, Luz del día
Mia, rosas, llamas
¡Qué aroma derramas
en el alma mía!
Si sé que me amas
¡Oh, Mia; oh, Mia!
Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces,
Mia hasta la muerte?
Sentí como su piel se erizaba, con mis palabras, creo que hasta podía oír el sonoro golpeteo agitado de su corazón o ¿Era el mío? La tenía tan cerca, sólo a unos centímetros que estaban volviéndose milímetros.
Escuchamos la sonora música, el claxon anunciando que nuestros amigos ya habían llegado y la voz anunciante de Maureen diciendo o gritando: ¡Ya llegamos! Giole tomó aire y bajó la cara.
-       Sí vinieron
-       Te lo dije – besé su mejilla y remé de vuelta, para estar con nuestros amigos.
-      … Γ έ ν ε σ ι ς …
La película acabo metros antes de llegar a la cabaña, al igual que media botella de wiskey que había infiltrado alguno de los gemelos Kaullitz, bajamos todos de la camioneta, me adelante unos pasos de todos para enfocar a la parejita que venía remando de vuelta a la orilla.  
El efecto del alcohol y la trama de la película nos hacia sentirnos verdaderos guerreros, hasta me visualice con mi capa roja y sandalias, sin meditar nada de lo que decía grite, sin mirar atrás.
-       El ejercito de jerjes
-       ¡Al ataque! – me siguió la corriente Moo
-       ¡Por Esparta! – grite nuevamente, levantando mi brazo con el puño cerrado en señal de guerra.
-       ¡¡Auwr!! Gritaron a coro los gemelos, que me levantaron en brazos directo todos al lago, me aventaron y todos se metieron a chapotear en el agua, hicimos tal alboroto que balanceamos  el pequeño bote donde estaba (Mia o la Dumarc como le quieras decir)
El chico se bajo de un salto sin importarle mojarse hasta las rodillas con todos nosotros, Mia se quedó en el bote.
... 

-      … Γ έ ν ε σ ι ς …

Habíamos tomado bastante para una noche, considerando que casi todos tenían dieciséis, por un momento perdí de vista a Mia, empecé a buscarla para que no le pasara nada, me daba miedo pensar que así como estaba se pudiera caer al lago.
Abrí la puerta y ahí estaba sentada en el pórtico con la cabeza entre sus rodillas.
-       ¿Estás bien?
-       Sí algo mareada, pero bien. Ya más familiarizada en esto del alcohol pero aún no me consideraría una experta.
-       No hemos comido nada, seguro por eso te cayó más pesado ¿Quieres cenar? Te tengo una sorpresa- le dije al oído.
Entre a la cabaña por todo lo necesario, para seguir con mi noche romántica con Giole, el interior estaba descartado, porque los chicos tenían su ambiente, adapte como pude una charola para poder sacar en un solo viaje, los dos platos calientes, la botella y las dos copas las llevaba en la otra mano, ya que tenía todas las cosas en las manos, me vi en la dificultad de abrir la puerta, muy oportunamente Hagen pasaba por ahí, me abrió la puerta.

Nos sentamos cerca del lago, que volvía a ser apacible inmóvil, reflejando el maravilloso resplandor plateado de la luna, Mia me quitó las copas y la botella, para hacer más fácil sentarme.
-       Huele delicioso
-       Lasagna boloñesa  con riunite…
-       ¿Eh?
-       Un vino rosado espumoso, dulce y suave como tú, delicioso.- Su sonrisa me lo decía todo.
-       ¿Tú lo preparaste?
-       Así es
-       Está riquísimo
-       ¡Gracias! Me alegra que te guste, esto no estaba planeado de esta manera. La verdad no esperaba que viniésemos tantos y que hicieran de una tranquila tarde- romántica, pensé- una fiesta descomunal.
-       No importa, la cena esta maravillosa, el vino es fabuloso, la vista impresionante y la compañía exquisita- al decirme esto se sonrojo levemente, o eso notaba bajo los etéreos  rayos de la luna.
-       Escucha esto.- saque de mi bolsillo mi celular para ambientar nuestro momento con una selecta lista de piezas tocadas por un cuarteto de cuerdas y solos de violín.
-       ¡Salud! – Alzó su copa para brindar conmigo- por un momento mágico.
-       Por nosotros.
Estábamos sentados sobre la yerba, Giole estaba sentada en el hueco que había entre mis piernas, recargada sobre mí pecho, yo con una mano atrás para sostenernos y con la otra abrazaba su cintura, la espesa noche ya lo cubría todo.
En el manto negro aterciopelado del cielo, resplandecían más el brillo de las estrellas que se veían más cerca en este cielo despejado, un brillo hermoso que difícilmente se puede ver en las grandes ciudades como Mancher, parecía que incluso ellas, las estrellas,  querían hacer de esta una noche inolvidable.
-       Edward mira – señalaba con su dedo hacia el cielo- una estrella fugaz, pide un deseo…
-       Mi deseo es…
-       No, no me lo digas, o quizás no se cumpla.
Nos quedamos un momento en silencio, cada quien formulando su deseo, hasta que la vimos desaparecer en el firmamento, posé mi cara en el espacio entre  su cuello  y su hombro, aspirando su aroma, queriendo besarla.
-       Nunca había visto una estrella fugaz, fue hermoso… - levante mi cara para verla de  frente.
-       Sólo conozco algo con lo que sería comparable la belleza de esa estrella…
-       ¿Qué?
-       El brillo de tus ojos
Me miraba directamente a los ojos, podría fácilmente perderme en ellos, nos estábamos acercando más y más, desde hace tanto tiempo había esperado ese momento…
-       Bueno en qué momento pretenden integrarse al grupo
Nuestro momento lo habían arruinado otra vez, Dirce fue la que se acercó a nosotros para que nos metiéramos en la cabaña para convivir todos. Dada nuestra mala suerte, solo juntamos nuestras frentes una contra la otra volteamos a ver a Dirce un poco incrédulos, nos volvimos a ver nosotros riéndonos de nuestra mala suerte.
-       Ahora vamos-  recogimos todos y escuchamos un “splach” no volteamos atrás.
Justo después de nosotros entraron Hagen y Bill estaban completamente empapados peleándose entre ellos de quien había tenido la culpa de haberse caído al lago, Maureen estaba envuelta en una frazada, y su novio Tom la tenía abrazada con las piernas, jugaban con los naipes, en una partida contra Drako, que estaba frente a ellos, Dirce se sentó justo a su novio, tomando sus cartas del piso, nos acercamos todos a ellos haciendo un círculo para jugar todos juntos, quizás podría enseñarle a Mia uno que otro truco con la baraja.
-       Yo las revuelvo- dijo muy firmemente Mia Giole, todos le entregaron las cartas, y como toda una profesional empezó a barajar, viéndolo así tal vez ella pueda enseñarme uno que otro truco a mí.- repartió las cartas y sentí su mano sobre la mía, a penas me había dado cuenta de lo fría que estaba.
-       Estás helada ¿Tienes frío? ¿Quieres que te traiga una frazada? – le decía esto mientras me levantaba en busca de algo para mantenerla caliente.
-       Estoy bien. Preferiría que me abrazaras.
-       Eso también lo puedo hacer - me volví a sentar, pero esta vez opte por la misma posición en la que estaban sentados Maureen y Tom, la envolví en mis piernas y empezamos a jugar.
El juego que nos enseñaba Drako, estaba diseñado a prueba de errores para emborrachar a sus jugadores, cada carta tenía asignado un castigo diferente, casi todos involucrados con tragos de alcohol, salvo uno que otro que era de preguntas indiscretas y retos. 
 ronda de preguntas indiscretas que se hacen unos a otros.
Habíamos perdido a los primeros, Hagen dormido completamente extendido en el suelo y Bill desparramado en una incomoda postura en una silla, el otro gemelo estaba envuelto en la misma frazada que la hermana de Hagen, entregados plenamente a sus besos apasionados, dejaron de prestarnos atención hace mucho tiempo, Dirce y Drako desparecieron el algún momento.
-       … Γ έ ν ε σ ι ς …
-       ¿Tienes sueño? – me preguntó Edward, mirando a todos los que ya no nos prestaban atención.
-       No aún no
-       ¿Quieres tomar el postre?
-       ¿Postre?
-       Esta noche no acaban las sorpresas
-       ¡Me encanta! -No podía verme pero podía jurar que se me desbordaba la emoción por cada poro de mi piel y se notaba.
-       Tendrás que cerrar los ojos…
-       No confías en mi- ya no contestó y me vendó los ojos con uno de los paliacates que estaban cerca, que seguramente Tom traía como parte de su atuendo.- tomaré eso como un no.
-       Te gustará…. – ya me gustaba-
Evidentemente no veía, pero se escuchaba que había ido a la cocina, abría el refrigerador, escuche el chisporroteo de una flama…prendía la estufa, pues que es lo que estaba haciendo este hombre, pensé. Es verdad que los sentidos se intensifican cuando careces de uno, aunque mis deducciones también podrían ser dudosas por todo el alcohol que había ingerido.
-       ¿Cuánto tiempo estaré así?- señalaba con mis manos la venda de mis ojos, para resaltar el énfasis.
-       …mmm, cinco minutos me dijo él de lejos- suspire y me cruce de brazos, sentada aún en el piso cerca de la chimenea donde estábamos. – se acercaba y después se volvía alejar de mí, no sabía que estaba haciendo, iba y venía, era el único que se movía en toda la habitación.
Si otras hubiesen sido las circunstancias, yo alcoholizada, con los ojos vendados y después de un día tan largo como hoy, me hubiese quedado dormida, pero estaba demasiado emocionada, con la situación.
Como es que hasta ahora me daba cuenta, de todo lo que había pasado con Loretto y  Edward, sólo había sido para acercarse a mí, él siempre me quiso a mí, pobre Loretto, tendría que explicárselo, no podía seguir engañada, imagino que ya lo sospecha pero se aferra a la ilusión que tiene con él, pero ya no podíamos seguir así ni ella, ni él ni yo… no sé cómo, cuándo o por qué paso, pero tenía que aceptar que estaba enamorada de él.
Percibí un delicado aroma cerca de mí, aspire hondo para comprobar que efectivamente era un olor a rosas, con las palmas empecé a palpar el piso quizás encontrara un ramo de rosas, pero la voz de Edward me detuvo.
-       ¡Hey! No te muevas - me volví a quedar quieta- ya casi termino.
Otro aroma dulce más intenso,  lo llenó todo, chocolate eso era chocolate, nuevamente los pasos de Edward se acercaban a mí, me destapó los ojos.
-       ¡Sorpresa! – frente a mí había una bandeja con fresas, uvas, trozos de kiwi hasta cerezas había, alrededor de una taza con chocolate derretido, además estaba rodeada con pétalos de rosas ¡Era increíble!
Se sentó junto a mí, estiró el brazo para tomar una cereza y bañarla de chocolate en la taza, se la comió de un solo bocado, pero una gota de chocolate se había derramado en la comisura de sus labios.
-       Ah… te… manchaste de chocolate, aquí -señalaba sin tocarlo, porque tenía ya una fresa también cubierta, empecé a voltear a nuestro alrededor buscando con que poder limpiarlo, en realidad no fue necesario, con su lengua lo quitó.
-       Tú también te manchaste, aquí- me decía pícaramente cuando ponía la fresa que recién había cubierto sobre mis labios manchándome él de chocolate.
Sin alejarse de mí me miró, ya no había nada que nos los impidiera, ningún ruido, ningún inoportuno  ni siquiera el remordimiento por quitarle el novio a Loretto.
Sus labios presionaron los míos, lento, intenso y suave, como un susurro, en un primer momento, no podía creer lo que estaba pasando, mi corazón empezó a latir descontrolado, mis brazos fueron a su cuello, aferrándome a él, con ambos brazos atrajo mi cuerpo hasta presionarlo con el suyo, dejamos atrás la delicadeza, empezaba a ser un beso fuerte, feroz y yo dejaba de pensar, nos separamos al cabo de un instante, por la falta de oxigeno en nuestros respectivos sistemas.  
-       El primer beso más perfecto de toda la historia
-       El segundo
-       Un beso no puede valer si una de las partes no lo recuerda- discutíamos tiernamente, en una ocasión me confesó que en aquella fiesta de gala de Cole, me había besado.
-       ¡Claro que cuenta! Fue especial, fue la primera vez que te bese.
-       Ok, ok le daré crédito a ese beso, sólo sí haces una reconstrucción de los hechos, sólo para recordarlo- me beso nuevamente, igual que en aquella fiesta. – tienes razón el primer y segundo beso más perfectos de toda la historia.
-       Y este es el tercero.  Nos besábamos de nuevo.
Mire a mi alrededor, Georg se movía  sin abrir los ojos para cambiar de posición en el suelo y seguir durmiendo, Bill pese a lo poco ortodoxo que se veía parecía estar cómodo, Maureen y Tom envueltos en la misma manta dormían entrelazados.





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